La Marinche Campos
Falta de toda ética política y moral, la gobernadora de Chihuahua no sólo traiciona a los suyos, sino se convierte en la primera mujer desleal en la historia de México
Lo primero que quiero aclarar es que, para mí, la figura de la Malinche, Marina o la Malintzin indígena nunca puede considerarse como desleal, pues su papel histórico está más allá de eso, por lo que el mote de la Marinche Campos hace alusión simplemente a una creencia popular, que envolvió a esta singular mujer de nuestro México a punto de sucumbir e interactuar con el invasor extranjero.
La gran diferencia entre la Marina y la Marinche Campos está en la ingenuidad de una y la maldad de la otra, pues mientras la Marina supo suplir su papel de víctima con su capacidad y facilidad para comunicarse con el invasor y convertirse en puente con los pueblos indígenas, la Maricnche Campos mintió desde el inicio y negó conocer al conquistador, a pesar de las varias entrevistas celebradas con su comandante, quien dirigía la invasión del reino del norte. La muerte accidental de dos de los intrusos descubriría todo el sucio juego de la Marinche Campos.
Lo primero que hizo la gobernadora de Chihuahua fue negar los hechos, como primera reacción de quien se siente culpable, aunque su torpeza y la realidad poco a poco fueron destruyendo su teoría. Luego, entró en conflicto con la autoridad federal que, para ese tiempo había entrado a la escena, al tratarse de un tema de su competencia, como son las drogas y la participación de autoridades extranjeras en territorio mexicano, lo que podía tratarse de una injerencia extranjera y, de comprobarse, de una traición a la patria.
Finalmente, yo castigaría también al asesor que le sugirió a la gobernadora ir a los medios a defenderse, pues ahí se mostró tal cual es: una mujer sin memoria histórica, frívola y sin escrúpulos, que solamente confirmó su ignorancia, arrogancia y culpabilidad, al desconocer las leyes, y creer que Chihuahua es un país -su país-, donde podía hacer todo lo que le viniera en gana.
Lo segundo que me viene a la cabeza es saber por qué La Marinche Campos cambió de opinión y reconoce ahora que sí pasó lo que pasó y responsabiliza exclusivamente a su fiscal, César Jáuregui, de todo el operativo fallido, incluyendo la participación los dos agentes de la CIA estadounidense. Ante ello, la propia fiscalía de Chihuahua sorprendió y acusó formalmente al funcionario por ejercicio ilegal de la función pública y coalición; mientras la Fiscalía General de la República (FGR) lo acusó por traición a la patria. Muy raro que dos instancias judiciales estén de acuerdo en algo, siendo de diferentes gobiernos y diferentes partidos.
Seguramente, la respuesta está en aquel encuentro de la Marinche Campos con el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC), Omar García Harfuch, quien le hizo ver tres cosas: una, la gravedad del hecho, no sólo por la acusación de “traición a la patria”, sino la muerte de personas, dos de ellas, estadounidenses; dos, que el gobierno de EU exigiría también justicia por los suyos; tres, que quedaba bajo su responsabilidad la resolución del caso, antes de que la FGR interviniera. Ella únicamente pediría garantías para que no se le persiguiera, sabiendo que perdería también la plaza de Chihuahua. Supongo que por ello Morena escogió como candidato a Cruz Pérez Cuéllar, con pasado panista.
Otra vez, llama la atención la forma frívola en que la gobernadora explica los hechos y la captura de su fiscal, sin ninguna preocupación o remordimiento por su amigo y compañero de partido, sin consultar al mismo PAN, lo cual me confirma la maldad de la Mariche Campos, donde su boca dice una cosa, pero su cara y actitud rebela otra: salvar el pellejo a costa de todo.
Lo tercero que observo es que la Marinche Campos ha traicionado también todo este momento que viven las mujeres mexicanas, que muestran su capacidad de trabajo, esfuerzo, disciplina, conocimientos y resultados en todos los campos del gobierno federal, donde la presidenta Sheinbaum ha logrado conformar un gran equipo. Si uno ve las mañaneras, sea o no simpatizante, por lo menos podrá reconocer el gran dominio de los temas, ya sea finanzas, energía, fiscal, turismo, medio ambiente, desarrollo social, cultura, temas anticorrupción y los buenos resultados obtenidos hasta ahora por ellas. Y viene la Marinche Campos con sus traiciones a convertirse -espero- en la excepción a la regla.
La oposición podrá decir que en Morena también hace aire, con algunas gobernadoras impresentables, y puede que tengan razón, pero ninguna podría ser acusada de traición a la patria como a la Marinche Campos, quien, para librar el pellejo, tuvo que traicionarse ella misma, a su pueblo, a su amigo y compañero Jáuregui, a su partido el PAN -el cual ha perdido el habla del shock- y a todo México por su actitud entreguista hacia los EU.
Me imagino que la auténtica Malintzin indígena no conocía la palabra traición, pues pudo traicionar a Cortés y no lo hizo, prefirió ser fiel a su destino; pudo traicionar a su pueblo, pero prefirió ser consecuente con la historia; pudo traicionarse ella misma, pero prefirió entregarse y dar a luz al primer mestizo y, con ello, a una nueva raza, la auténtica mexicana, que hoy vive una etapa de cambio y transformación.
Falta de toda ética política y moral, la gobernadora de Chihuahua no sólo traiciona a los suyos, sino se convierte en la primera mujer desleal en la historia de México.
Mario Alberto Puga
Politólogo (UAM) y exdiplomático