Brasil y su democracia: A coisa mais linda do mundo o corre Bolsonaro corre….
En un final histórico y de fotografía, el presidente Lula da Silva se impuso (51.75%) al opositor Flavio Bolsonaro (48.25%), en la segunda vuelta electoral de Brasil, por una diferencia de 4.4 millones de votos, lo que marca un parteaguas para Latinoamérica en su nueva lucha contra el imperio decadente de EU y el tirano Trump, quien sufre así su primera derrota política, como promotor de las derechas en la región.
A primera vista diría yo que Bolsonaro pecó de confiado al creer que el resultado de la primera vuelta se repetiría en automático, como había pasado siempre desde el regreso de la democracia a Brasil, mientras que Lula demostró la experiencia y la fuerza de tantos años de lucha social, que en tres semanas le dio la vuelta a su adversario a ritmo de samba, al que hizo ver mal en los dos debates, pues no sabe bailar, y convenció a más de 10 millones de indecisos a que votaran por él.
Al término de la primera vuelta, el pasado 4 de octubre, señalé que mal haría Bolsonaro en creer que ya había ganado la elección, cuando, sorpresivamente, aventajó a su contrario por más de 2.2 millones de votos, sin considerar que tal ventaja era totalmente remontable en un universo de cerca de 140 millones de votantes. La confianza y arrogancia de Bolsonaro se incrementaron cuando los otros candidatos presidenciales de derecha ofrecieron su alianza a la causa liberal, y sus 9 millones de votos obtenidos para la segunda vuelta.
Y hablo de arrogancia no sólo como signo de las derechas hoy en día, sino como forma errónea de razonar y actuar, al creer que la realidad les pertenece y es inamovible. Al pretenderse ya presidente, Flavio amenazó con juicio político al ministro Alexandre de Moraes, que condenó a su padre -Jair Bolsonaro- a 17 años de prisión por golpista, y a otros funcionarios al considerarlos enemigos políticos. Igual, aseguró que liberaría a su padre e incluso, él le impondría la banda presidencial al tomar posesión. La derrota electoral lo despertó de ese sueño.
Además de la arrogancia, Flavio Bolsonaro mostró limitaciones políticas al enfrentar cara a cara a Lula en los debates televisivos, donde se vio torpe, lento y hasta ofensivo, cara a cara con Lula, y sin propuesta alguna que no fuera la descalificación y la crítica hacia su contrario, quien lo hizo ver mal ante los votantes, especialmente, entre los indecisos.
Por su parte, el presidente Lula y su partido, luego del ejercicio de autocrítica por la derrota sorpresiva en primera vuelta, cambiaron la estrategia, particularmente, la de comunicación, donde la prioridad sería la movilización, las redes sociales y el convencimiento a los indecisos, como una sacudida colectiva a la sociedad, la cual respondió a ritmo de samba, abarrotando las calles y avenidas, como si fuera un verdadero carnaval.
Luego, Lula llevó a su contrario a donde él quería, frente a frente, desnudándolo y arrinconándolo ante las cámaras de televisión, golpeándolo severamente: primero, lo retó a presentar y transparentar su patrimonio, a fin de que ambos demostraran sus bienes; segundo, lo sacó de quicio al acusarlo de no haber trabajado como él y ganarse el pan con sus manos; tercero, Bolsonaro -enfadado- se burló de Lula y sus “nueve dedos”, que luego rectificó y pidió disculpas, pero el daño ya había sido hecho; cuarto, no contestó cuando Lula le preguntó si dejaría que Trump se llevara los recursos naturales de Brasil; quinto, Lula lo llamó miliciano, en referencia al pasado militar de su padre. Ahí Bolsonaro demostró que no sabe bailar, esto es, debatir, defenderse, reaccionar y atacar, por lo que perdería ambos debates ante todo Brasil.
Aunque el tema de EU y Trump no fue el dominante en los debates, como yo creía, al razonar mecánicamente que todos los países del continente colindan con ese país, como México, sí creo que, en caso de haber perdido la elección, Lula y el PT hubieran presentado un recurso de anulación de la contienda por injerencia extranjera. Ese era el plan B.
Adicionalmente, Lula tomó algunas decisiones como presidente en funciones que ayudaron al Lula candidato a ganar la reelección: presionó al congreso a votar por la derogación de la medida 6X1, que obligaba a los asalariados a trabajar 6 días y descansar 1, por lo que ahora laborarán 5 y descansarán 2. Como la votación fue en el senado, Lula obligó a que el senador Bolsonaro tuviera que votar a favor, lo que, de cara a todo el pueblo, fue una derrota política al miliciano. Igualmente, Lula tomó otras medidas a favor de los programas sociales, donde ordenó la gratuidad del transporte público en los fines de semana, cuya finalidad se materializó de inmediato en la jornada electoral, al facilitar el acceso de los votantes a las urnas.
Tanto los errores de Bolsonaro, como los aciertos de Lula, llevaron a que las alianzas del primero con todo el espectro de la derecha política no fueran suficientes para garantizar los 9 millones de votos ofrecidos, donde sólo sufragaron 5 millones de votantes que, si bien, incrementaron de 55 a 60 millones de votos finales de Bolsonaro -asumiendo que todos votaron por él-, no fueron bastantes ante los 11 millones de votos más de Lula, sumados a los 53 millones de la primera vuelta, para alcanzar los más de 64 millones finales con que ganó la elección. Esos 11 millones de votos provinieron -fundamentalmente- del voto indeciso que, finalmente, se decantó a favor de Lula e hizo crecer el nivel de participación del padrón electoral de Brasil al 80%. Lula ganó porque convenció a los indecisos.
El rechazo de Bolsonaro a reconocer el triunfo de Lula y, luego, la vergonzosa huida de él y su familia hacia EU -vía Argentina-, lo delata como lo que es: un miliciano corrupto, arrogante y cobarde que, además, no sabe bailar, pues en todas las semanas que seguí el proceso brasileño no encontré ninguna propuesta o iniciativa política propia que no fuera la descalificación. Y es que esa es la lección fundamental que deja esta elección histórica en Brasil: las derechas latinoamericanas no son democráticas, no tienen contenido, ni base social, además de no saber bailar, simplemente se alimentan del miedo, el dolor y las desgracias sociales.
Brasil y su democracia: A coisa mais linda do mundo, que abre una nueva forma de enfrentar a las derechas latinoamericanas. O corre Bolsonaro corre, que te alcanza la democracia y la justicia, como digno representante de las derechas de la región.
Mario Alberto Puga
Politólogo y exdiplomático