Politólogo y ex diplómatico
2025-11-03
La otra transformación (III)
Decía yo que una parte importante de la otra transformación son los retos estructurales, entendidos éstos como aquellos temas que fueron y siguen siendo razón de ser del Estado moderno, especialmente del Estado mexicano, tales como la seguridad, la infraestructura, la educación, la salud, la vivienda, la cultura y el deporte, además de los nuevos temas de la agenda, tales como derechos humanos, género y medio ambiente.
En su conjunto, todos estos retos o temas, al concretarse correctamente, brindan estructura, sentido y definición a una sociedad determinada, que hacen posible superar las contradicciones sociales a fin de que el desarrollo avance. En el caso de México, de una u otra forma se ha dado atención a cada uno de ellos a lo largo de su historia -particularmente después de la revolución de 1910-, pero la falta de visión y planeación a largo plazo, las presiones de una sociedad en crecimiento y algunas veces desbordada, las malas decisiones, las desviaciones y la corrupción, han hecho fracasar los muchos proyectos.
En el caso de la seguridad, al igual que la mayoría de los temas mencionados, tiene su clímax durante el llamado desarrollo estabilizador (1940 – 1970), donde la intervención del Estado, como ente más avanzado de la sociedad, concretó el proyecto más audaz de desarrollo, que combinó estabilidad económica y cambiaria, inversión extranjera y, sobre todo, aprovechó la oportunidad que ofrecía la economía internacional (en plena guerra mundial) para sustituir importaciones y, luego, crecer al 6% anual durante todos esos años. Un verdadero “milagro mexicano” …. que, sin embargo, olvidó repartir la riqueza entre los más vulnerables, dando paso a la desigualdad social y económica.
Entonces, todo se arruinó, comenzando por la economía y terminando con la seguridad. Y no pretendo criminalizar la pobreza, pero su lógica ha estado siempre ligada a la economía, especialmente a sus distorsiones, primero, por el paternalismo político de los gobiernos priistas y, luego, por la frialdad de los tecnócratas y sus recetas, que dejaron fuera al 70% de la población de su proyecto neoliberal.
Y eso me lleva a afirmar que las distorsiones del Estado mexicano se dieron tanto en lo económico, pero también en la seguridad. Primero, una economía que respondía más a factores políticos, buscando siempre mantener el poder, que a criterios propiamente económicos, que terminaron por endeudarnos, pauperizar a las clases populares e incluso a buena parte de la clase media, e inaugurar las crisis recurrentes de cada fin de sexenio. Segundo, el Estado mexicano se convirtió -contradictoriamente- en el primer represor del México de entonces, a través de los distintos gobiernos priistas, que lo mismo reprimieron a ferrocarrileros que a médicos, a maestros, que a estudiantes, abriendo la puerta a la violencia política y, luego, a la violencia social, antes que abrir la ventana al diálogo.
Lo que siguió fue el deterioro de todo lo logrado en décadas, sin que los gobiernos priistas pudieran evitarlo: desde el proyecto fallido de petrolizar la economía de López Portillo (1976-1982), teniendo como encargado de la seguridad al temible jefe de la policía Arturo Durazo -un verdadero pillo-, que inició con el desprestigio de la institución policiaca al descubrírsele actos de corrupción, hasta el proyecto neoliberal y la flamante policía federal de Calderón y su secretario García Luna -hoy condenado en EU por narcotráfico-, que sepultó para siempre la credibilidad y el respeto hacia los cuerpos policiacos en México. Es en este último periodo cuando la violencia social se dispara a niveles aterradores, declarando, incluso, una guerra absurda al narcotráfico, que obviamente se perdió.
A partir de 2018, AMLO transformó algunos paradigmas en materia de seguridad: el primero, que el Estado no sería más un represor; el segundo, dar preeminencia a las fuerzas armadas en el tema de la seguridad; el tercero, crear la Guardia Nacional (GN) en 2019, que sustituyó de facto al fallido modelo policial; el cuarto, optar por una estrategia de paz contra los grupos criminales que alcanzó para romper la curva de la violencia (muy importante) y una significativa disminución (17%).
La presidenta Sheinbaum ha fortalecido dicha estrategia, ahora con mayor coordinación institucional, inteligencia y uso de la tecnología, consolidación de la GN y mayores recursos, para enfrentar de mejor manera al crimen organizado y sus causas. Y, si bien, la estrategia sigue siendo de paz, ahora no se rehúye el enfrentamiento abierto contra los criminales, que no quisieron o no supieron entender la oportunidad que les ofreció AMLO, de hacerlo todo por las buenas. Si de algo puede criticarse a la estrategia de seguridad de AMLO es creer que los violentos podían cambiar. Ahora sabemos que no es así.
Entonces la lección para los gobiernos de MORENA es que, así como se ha rescatado al Estado mexicano de las garras del neoliberalismo, así se debe rescatar su razón de ser que es la seguridad y pacificar a como dé lugar aquellos territorios violentos, pues de no hacerlo, su papel seguiría en entredicho, incluso entre sus bases, pues la violencia se ha convertido en un tema de vida o muerte para todos.
Al cumplir con su papel principal, que es la seguridad, el Estado mexicano, que sigue siendo el ente más adelantado en la sociedad mexicana, estaría en posición de cumplir con sus otras obligaciones – infraestructura, educación, salud, vivienda, cultura y deporte, derechos humanos, género y medio ambiente-, sin otro propósito que el interés general.
Mario Alberto Puga
Politólogo y exdiplomático